22 de marzo de 2016

Transparente

                                   Es el umbral en que mi madre interroga al poniente,
                                   en un día de 1975.
                                   Es una encrucijada de caminos.
                                   Alguien con un bastón hecho con ramas del árbol del olvido
                                   desató sus pasos.
                                   Es el sitio en que puse, de niño, rosas al porvenir.
                                   Es un verano antiguo y un alboroto de muchachas
                                   y la callada puerta que cruzaré un día por vez última.
                                   Es la muerte de mi hermana.
                                   Es un galo en su hora infinita.
                                   Es eso que está en mi voz
                                   y de algún modo salva mi vida y la perdona.

                                                                              De las ramas del árbol tranparente
                                                                              Rafael Adolfo Téllez



Tal vez esta planta no debería aparecer por estas páginas, pues aunque podemos encontrar el transparente (myoporum laetum) por la sierra no es una planta de por aquí y siempre la veremos asociada a asentamientos humanos. Pero del mismo modo que yo la he visto en varios lugares y me he preguntado qué era, también a otros les puede suceder lo mismo y por eso he decidido incluirla. Además de seguir ese criterio tampoco debería haber hablado de la hierba carmín o del tabaco moruno, entre otros.


El tan curioso nombre de transparente obedece a que cuando miramos sus hojas al trasluz se aprecian una serie de puntos translucidos y que son pequeños depósitos de esencia. Este aceite se llama ngaiona y es tóxico para los animales pudiendo provocarles la muerte por afecciones hepáticas así como dermatitis. He leído sin embargo que los maoríes se untaban con ellas para repeler a los mosquitos. El nombre científico hace referencia a lo mismo: del griego myo, cerrar, y porós, orificio.


En cuanto a laetum del latín alegre, luminoso le vendría de su color verde brillante. Por mantenerse verde todo el año también se conoce en muchos lugares como siempreverde, y es esta una de las características por las que ha sido importado de su Nueva Zelanda originaria, para formar setos vivos.


En algunos lugares, sobre todo en América, se conoce como mioporo

No, no era un sueño. Sin embargo ¿qué otra cosa podría ser si no? Vio, con los ojos cerrados, bajo la luz del mediodía, pero mate y como pintada por Carpaccio, su propio jardín. Los jacarandás, los mioporos y las sifleras de hojas charoladas, el grupo de cipreses, los laureles oscuros, los arriates bordeados de mirtos con las plantas no muy sobresalientes dentro
                                                                                          Los invitados al jardín
                                                                                          Antonio Gala


8 de marzo de 2016

Cephalanthera rubra

Él le pone la flor en el pelo y la besa, se abrazan y se van a la oscuridad de la selva, sin darse cuenta que la flor se le ha caído del pelo a la isleña. Y hay un primer plano de esa orquídea salvaje pero finísima, caída en la arena, y sobre la orquídea va apareciendo esfumada la cara de Leni, como si la flor se transformase en mujer.

                                                                                            El beso de la mujer araña
                                                                                            Manuel Puig


Casi dos años han pasado desde que dije que volveríamos sobre las orquídeas. Mucho tiempo, pero es que pese a ser como ya decía entonces la familia más extensa del reino vegetal lo cierto es que no está muy representada en la sierra de Aracena, o al menos esa es mi impresión. Es más, la que traigo hoy, la cephalantera rubra, según el programa anthos no se encuentra entre las especies del parque natural. Tampoco aparece Huelva en el mapa de distribución de esta orquídea que puede consultarse en Asturnatura, y lo mismo sucede en el que muestra Flora vascular o en el que hallamos en el libro Guía de campo de las orquídeas silvestres de Andalucía (ediciones la Serranía).Tampoco en el mapa de su distribución en Andalucía que acompaña a su descripción en el libro editado por la Junta de Andalucía Orquídeas del parque natural Sierra de Grazalema. En Granada natural dudan de su presencia en la provincia de Huelva.


Pese a tanto dato desfavorable puedo decir que haberlas haylas, aunque como en el cómic es probable que tan sólo sea una pequeña aldea irreductible, pero la he visto con mis propios ojos y aquí están las fotos para dar testimonio de ello. Y por testimonio llegamos al origen de la palabra orquídea.


Testimonio está emparentado con testículo, sin embargo es posible que si las cosas hubiesen seguido su curso normal los varones en lugar de testículos lo que tendríamos sería un par de orquídeas, que ciertamente suena menos contundente. En griego los testículos se denominaban orchis, raíz se ha conservado en muchos términos médicos: criptorquidia, orquitis, orquidectomía.... Pero se cruzaron los romanos con su testis (testigo) y les dio por llamar a los atributos masculinos testículos (pequeños testigos) ¿Por qué? La teoría más extendida dice que debido a que su presencia testifica que nos encontramos ante un varón. Sin embargo la más correcta parece ser otra que viene a poner de manifiesto una vez más que desde que el mundo es mundo y para nuestra desgracia ha existido la discriminación por razón de sexo: el derecho romano reconocía únicamente a los varones el derecho a declarar en un juicio.


Si arrancamos una orquídea podremos ver como en su raíz hay dos tubérculos que en forma y disposición recuerdan a los testículos, y de los que ya hablaremos en una próxima orquídea.


Comente que entre las orquídeas son raros los nombres vulgares. Esta por lo que he podido leer es conocida como sello de Nuestra Señora, pero si rara es la flor más raro parece ser que se denomine así, al menos si atendemos a las veces que aparece en google.


23 de febrero de 2016

Boletus, Tentullo

Pidió una copa de merlot de Doro Princic, y se puso a hojear la guía de viajes al tiempo que se tomaba un plato de pasta con boletus frescos
                                                                           Veit Heinichen
                                                                           Sobre gustos no hay nada escrito



La seta que traigo hoy es de las pocas que cuando he visto me ha ofrecido pocas dudas. De inmediato he dicho: un boletus, o tentullo como se conoce por estos lares. Lo que ya no me atrevo mucho es con el apellido ¿edulis? ¿aereus?Tampoco me preocupa mucho lo del apellido pues he leído que hay expertos que opinan que no existen diferencias entre algunas  especies.


Y además todas estas especies tan similares no sólo son comestibles sino que se suele calificar su sabor como excelente.  En la guía que suelo consultar (guía de los hongos y setas de España y Europa. Ewald Gerhardt. Eiciones Omega) tan solo aparecen tres como tóxicos y son fácilmente identificables: el boletus de Satanás que tiene un sombrero de color blanco sucio, el boletus de lobo cuyo sombrero tiene una cubierta rosa separable sobre fondo rojo intenso y el boletus pie rojo amargo que además del pie rojizo tiene también el sombreo blanquecino.


Podía pues haberme atrevido a cojerlos. He de reconocer que me gustan mucho y tenían un buen bocado. Pero no soy tan osado y ademas prefiero verlos así. Me identifico más con esos letreros que he visto por algunos lugares: deja sólo tus huellas; llévate sólo tus fotos.


 - ¿Y esta otra, abuelo?
- También es mala. Tírala
Fan no encuentra una sola seta comestible; todas son venenosas. Por fin, se topa con un boletus.
- ¿Y esta, abuelo?
- Esa sí. ¡Qué hermosa! Ya tenemos merienda

                                                                  El cuento de nunca acabar
                                                                 Juan Kruz Igerabide
                                                                 

9 de febrero de 2016

Marrubio rojo

Hacía lejías para enrubiar, de sarmientos, de carrasca, de centeno, de marrubios, con salitre, con alumbre y  milifolia y otras diversas cosas.
                                                                                                            LaCelestina
                                                                                                            Fernando de Rojas



La hispanolona no es aunque su nombre pudiese sugerirlo ninguna sustancia  dopante que hayan encontrado en muestras de sangre u orina de los jugadores de la selección española de balonmano, a los que ahora les ha dado a los periodistas por llamar, dándole mucho énfasis al pronunciarlo, ¡hispanos! Es un principio que se encuentra entre otras en nuestra planta de hoy, el marrubio rojo (ballota hirsuta), y con la que científicos del instituto Carlos III trabajan intentando confirmar sus efectos beneficiosos en el crecimiento de algunos tumores.


Como suele ocurrir antes de que a estos científicos les diese por investigar, ya era usado en remedios populares para combatir entre otras cosas la fiebre o la anorexia, o para facilitar la expectoración en la bronquitis crónica.


Por sus flores de un color purpura rojizo con franjas longitudinales blanquecinas es  llamada en algunos lugares flor rubí. Respecto a su etimología no he encontrado nada fiable. Lo de hirsuto está claro que debe hacer referencia al aspecto áspero de sus hojas, pero ninguna pista respecto a ballota ni a marrubio (no creo que tenga que ver con rubrum, pues el marrubio vulgar no tiene ninguna parte rojiza).


26 de enero de 2016

Saúco

¿Sabes qué te digo? -dijo Vìctor, de pronto, y su voz se iba caldeando a medida que hablaba-: Que nosotros, los listillos de la ciudad, hemos apeado a estos tíos del burro con el pretexto de que era un anacronismo y...y los hemos dejado a pie. Y ¿qué va a ocurrir aquí, Laly, me lo puedes decir, el día en que en todo este podrido mundo no quede un solo tío que sepa para qué sirve la flor del saúco?

                                                                                 El disputado voto del Sr. Cayo
                                                                                 Miguel Delibes



Soy poco dado a polemizar, y en el blog mucho menos ya que no suelo exponer opiniones en él y menos sobre temas espinosos. Sin embargo hoy me voy a saltar la norma esperando no molestar a nadie, y es que leer sobre el saúco (sambucus nigra) y su relación con la sierra onubense, y tal vez condicionado por las circunstancias políticas, me ha llevado a una cuestión que no entiendo: los nacionalismos.


He nacido en Sevilla y aquí ha transcurrido toda mi vida.  Me encanta mi tierra, sus gentes, sus pueblos, sus costumbres y tradiciones. Soy y me siento andaluz. Y ¿por qué? ¿Andaluz yo? Mis padres, mis abuelos, mis bisabuelos... nacieron todos en un pueblo de La Mancha. Sin embargo pese a este espíritu tan sedentario y poco aventurero de mis antepasados, de mis cuatro primeros apellidos dos son indudablemente vascos, y de allí vendrán. Mis hijos son también andaluces, han nacido aquí, y de padres andaluces. Pero ya hemos visto que dos de sus abuelos son manchegos, y de los otros dos uno canario y otro andaluz, y aun en este último no hay que ascender mucho por el árbol para llegar a Vitigudino (Salamanca).


La movilidad no se queda limitada a nuestras fronteras, sino que las desborda, y con la crisis el fenómeno de ha agudizado. Tengo sobrinos nacidos en Gran Bretaña, de padre británico, y miembros de la familia residentes en Gran Bretaña, en Suecia, en Holanda, en Chile; niños que aunque mantienen los lazos con su tierra de origen se están criando en esos países y quién sabe si no acabarán echando raíces en ellos...


El dónde nacemos es circunstancial. No puedo sino estar de acuerdo con Amin Maalouf cuando dice nací en un planeta, no en un país. Sí, claro, también nací en un país, en una ciudad, en una comunidad, en una familia, en una maternidad, en una cama...Pero lo único importante, para mí y para todos los seres humanos, es el hecho de haber venido al mundo.¡Al mundo! (Los desorientados)


Las tierras de la sierra de Aracena fueron reconquistadas en el siglo XIII por los reyes portugueses, los cuales terminarían cediéndolas a Alfonso X el Sabio en 1253. Éste las repoblaría con gentes venidas del reino astur-leonés. Ha llovido mucho desde entonces y ya no tenemos conciencia de ello, pero ha quedado  reflejado en muchas cosas. Ya tuvimos oportunidad de ver como estos repobladores nos trajeron los castaños. También quisieron recordar su procedencia en algunos topónimos: Fuentes de León, Arroyomolinos de León...y también trajeron rasgos dialectales propios, y aquí llega, por fin, el saúco.


A nada que nos nombren Jabugo comenzamos a salivar y se nos forma en la cabeza la imagen de un maravilloso jamón pata negra. A nadie, o casi nadie, se le vendrá la imagen de un saúco, y sin embargo Jabugo no significa "jamón cinco jotas" sino más bien "lugar en el que abundan los saúcos". Con el mismo origen aunque menos conocida  tenemos la aldea de Aracena llamada Jabuguillo. Procederían estos términos del latín sabucus y delatarían a decir de los filólogos el origen asturiano de sus pobladores


Quién haya llegado a este punto estará pensando que a lo peor me pasa como a los políticos, que discutiendo de lo accesorio no entran en lo fundamental. Y lo fundamental aquí es saber para qué sirve la flor del saúco. Preguntémosle al Sr Cayo

- ¿Qué flor es ésta? - preguntó y la hacía girar por el tallo, entre los dedos.
El señor Cayo la miró fugazmente:
- El saúco es, la flor del saúco. Con el agua de cocer esas flores, sanan las pupas de los ojos.



12 de enero de 2016

Lentejas de agua

Dejamos el ruido del río, los nenúfares flotando en el agua, las mariposas que descansan sobre ellos, los patos blancos que juegan en el agua, los peces que nadan en el agua, los sentimientos de los peces, el comportamiento de los patos, las ideas de las lentejas de agua, el soliloquio de la corriente de agua...detrás de nosotros.
                                                                                                              La república del vino
                                                                                                              Mo Yan


Las lentejas de agua son unas plantas acuáticas diminutas, de apenas 2 mm, que podemos encontrar en grupos de 2-4 individuos flotando libremente en aguas lentas o estancadas. Su nombre científico es lemna y en nuestro ámbito existen dos especies la minor y la gibba, difíciles de distinguir a simple vista, más fácil al tacto al ser la segunda más gruesa y la primera plana.


Me parece que hasta que me he puesto a leer sobre las lentejas de agua no había oído el término eutrofización. Suena a algo bueno. Y más cuando te enteras de que se llama así un proceso por el que las aguas de un río o un lago se enriquecen de nutrientes. Pero eso al parecer no es nada bueno; todo lo contrario: puede ser fatal. Un exceso de nutrientes conduce a un aumento de algas, plantas y otros organismos, que al morir se pudren. La putrefacción consume oxígeno con lo que las aguas dejan de ser adecuadas para muchos seres vivos. Y no es esto todo. En el lecho de las aguas va acumulándose material orgánico con lo que la profundidad disminuye

.

Una de las plantas que prosperan en los procesos de eutrofización son las lentejas de agua,  que además colaboran en su avance pues al cubrir grandes superficies impiden que entre la luz solar disminuyendo la fotosíntesis.


Sin embargo se da la paradoja de que la lenteja de agua puede contribuir también a combatir la eutrofización. Las causas de la eutrofización son por un lado naturales y por otro dependientes de la actividad humana. He podido leer que se han realizado experiencias prometedoras con lentejas de agua para tratar aguas residuales o para acumular metales pesados.


Entonces se abrió la puerta, y entró ella. Tenía el pelo oscuro, como Frieda, aunque se veían hebras canosas entretejidas en su espesor. Había una expresión soñadora en su rostro, modelada, quizá, por la contemplación de ríos, cisnes y lentejas de agua.
                                                                                   Guía de Kashgar para damas ciclistas
                                                                                   Suzanne Joinson