Mostrando entradas con la etiqueta Emilia Pardo Bazán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emilia Pardo Bazán. Mostrar todas las entradas

7 de diciembre de 2021

Clemátide

El campo, segado ya presentaba la nota melancólica  del rastrojo sobre la tierra algo resquebrajada por la sequía; pero en cambio el follaje de ciertas plantas ociosas, que pueden permitirse el lujo de no morir hasta el invierno, brotaba más lozano y tupido que nunca, y las tapias de las fincas que caen al camino real se ufanaban con una soberbia diadema de rosa, viña virgen, clemátide y bignonia.

                                                                                                        La piedra angular                                                                                                                                                    Emilia Pardo Bazán


Aconseja el proverbio de origen árabe "siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo" dando a entender que con paciencia todo se alcanza. Y sin necesidad de hacer nada añaden algunos. Pues bien, eso es lo que ha ocurrido en este caso.


Hay fotos de esta planta que llevan años en mi fichero sin identificar. Es más, no había asociado frutos y flores. Hasta que hace unos días, y buscando otra cosa, me encuentro una foto y me digo "esa flor la he visto yo".  Y así he conocido a la Clematis campaniflora y he relacionado flores y frutos.


Se trata de una planta trepadora (eso precisamente es lo que significa clematis, planta que trepa) sin usos conocidos, posiblemente por ser, según he leído, poco común en la península ibérica , lo que equivale a decir en el mundo pues por lo que he visto apenas esta referenciada en otros lugares



                                                                                         

8 de enero de 2019

Tojo alfiletero

Salió a galope hacia donde por instinto juzgaba él que el señorito debía encontrarse.Volaba, con los puños apretados, haciendo saltar guijarros y piedras al golpe de sus piececillos encallecidos por la planta. Cruzaba por cima de los tojos sin sentir las espinas, hollando las flores del rosado brezo

                                                                                                   Los pazos de Ulloa
                                                                                                   Emilia Pardo Bazán


Son muchas las plantas que reciben el nombre de tojo. En algunas ocasiones tienen apellido como en el caso de la que traemos hoy el tojo alfiletero (genista hirsuta) y pocas veces pudo un apellido estar mejor puesto.


Está densamente cubierta de pelos en tallos, ramas y espinas, lo que le vale el apelativo de hirsuta, siendo por esta característica junto con las espinas de hasta 3 cm de longitud  fácilmente identificable. También los racimos terminales de flores amarillas ayudan a su identificación.


Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, nuestra planta nos da ocasión de hablar de asuntos muy dispares, a saber: de los reyes de Inglaterra, y más concretamente de la dinastía Plantagenet que reinó de 1154 a 1399 y a la que pertenecieron monarcas tan célebres como Ricardo Corazón de León y su hermano Juan sin Tierra. La casa Plantagenet antes que Plantagenet fue Anjou, pero resulta que Godofredo V de Anjou (padre del primer rey inglés de la dinastía) tenía por costumbre llevar como adorno en su casco unas ramas de genista, de ahí que empezasen a apodarlo plantagenest. Y al final, como ocurre tantas veces, la familia se quedó con el apodo.


Pocos usos he podido recoger de esta planta. Al parecer arde muy bien por lo que era usada para iniciar los fuegos en los hogares, y para quemar la piel de los cerdos en las matanzas.


7 de junio de 2016

Jacinto silvestre

Mil veces le sucedía, paseando por el campo, recoger en el sombrero cosecha de violetas, jacintos silvestres, ramas floridas de zarzamora; y al llegar al pueblo, arrojaba al río las flores, por no llevárselas a Leocadia

                                                                              El cisne de Vilamorta
                                                                               Emilia Pardo Bazán



El lanzamiento de disco, al menos entre los dioses olímpicos, era un deporte de riesgo. Ya vimos al hablar de la zarzaparrilla como según algunas versiones el origen del azafrán fue un accidente jugando con un disco. También un disco está tras el nacimiento mitológico del jacinto silvestre (hyacinthoides hispanica), mas en esta ocasión, según las fuentes más rigurosas, no se trató de ningún accidente. ¡Fue asesinato!


Apolo, como la mayoría de los habitantes del Olimpo,  no era precisamente estrecho y se lo hacía a pelo y pluma, y el joven principe espartano Jacinto al decir de las crónicas era de una gran belleza, de manera que el dios se enamoró de él. Pero no fue el único. También Céfiro, el viento del oeste, que al no verse correspondido, en un arranque de violencia desvió con una ráfaga el disco con el que los amantes jugaban, hiriendo mortalmente a Jacinto en la cabeza. Apolo para perpetuar la memoria de su amante convirtió su sangre en flor.


 Un inciso: que distinto este Céfiro, de aquel que recordaba del poema de Esteban Manuel de Villegas, ni dulce ni blando ni ná

                                                   Dulce vecino de la verde selva,
                                                   huésped eterno del abril florido,
                                                   vital aliento de la madre Venus,
                                                   Céfiro blando.



Luego vienen los que intentan dulcificar las cosas, por no decir encubrir el crimen: que si el disco chocó en una piedra y rebotó con tan mala fortuna que le dio en la cabeza, que si el joven saltó para atrapar el disco y calculó mal...Según Robert Graves (Los mitos griegos) Jacinto no sólo enamoraba a los dioses, también a los hombres, ostentando el honor de ser el primer hombre cortejado por alguien de su mismo sexo, siendo este primer cortejador el poeta y músico Támaris, quién tampoco acabó muy bien, aunque en este caso no por sus amores sino por su arrogancia: se vanaglorió de superar a las musas y estas lo castigaron privándole de la vista y de la música. Durísimo y desproporcionado castigo.


Al que afortunadamente no privaron del don de la música fue a Mozart. Y ¿qué pinta aquí Mozart? Pues si pinta. Con sólo once añitos escribió lo que algunos consideran su primera ópera Apolo y Jacinto KV 38 , aunque en su título lo que indica es "Música para una comedia en latín para la universidad de Salzburgo". Del mismo modo que las guarderías y colegios organizan a final de curso festivales en los que padres y abuelos contenemos la baba viendo a nuestros hijos y nietos cantar, declamar, bailar...  la universidad de Salzburgo hacía lo propio y para el del año 1767 el joven Mozart puso música al libreto sobre el mito de Apolo y Jacinto de  Rufinus Windl, que como era monje censuró un poquito la historia y se inventó una hermana. Como en Mogambo, pero mejor. Apolo y Céfiro de quién están enamorados no es de Jacinto, sino de su hermana. Céfiro para enemistar a ésta y a su familia con el dios desvía el disco que mata a Jacinto, siendo Apolo acusado de su muerte. Pero al final se  descubre el montaje y la cosa acaba bien para todos, menos para Jacinto que empezó como joven sano y vigoroso y acaba muerto y metamorfoseado en flor.


Apolo podría ser de aquella manera, pero sintió la muerte de Jacinto. Y la lloró. Y sus lágrimas, al caer sobre los pétalos del jacinto inscribieron en ellos sus lamentos "ay",  aunque según otros estas letras (que dicho sea de paso yo no veo) no son más que las iniciales griegas de Jacinto.