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20 de junio de 2023

Abrojos a cuatro

Diez años de abandono habían endurecido la tierra, haciendo brotar de sus olvidadas entrañas todas las plantas parásitas, todos los abrojos que Dios ha criado para castigo del labrador.
 
                                                                                             La barraca
                                                                                             Vicente Blasco Ibáñez 


No es esta la primera vez ni tampoco la segunda que hablo en el blog de abrojos. También hay que ir con los ojos abiertos y cuidarse de pisar si se va mal calzado este Ranunculus muricatus al estar armada su semilla de espinas. Por eso se llama muricatus. Muricado quiere decir cubierto de espinas.


Tampoco es la primera vez ni la segunda que aparece un ranúnculo por aquí, de modo que ya sabemos que el origen de la palabra es el renacuajo de los romanos y que recibieron  a su vez estas plantas  por gustar también de terrenos húmedos y pantanosos


Se conocen como abrojos a cuatro o también a cinco. El por qué no lo he averiguado. Lo de cinco podría ser por el número de pétalos pero ¿y el cuatro? También las llaman abrepuños


Según he leído todas las partes de la planta son toxicas cuando están frescas, perdiendo esta toxicidad cuando son convenientemente desecadas. No se les conoce utilidad


Ahora no les quedaba más que una tira de tierra, la más mísera, apestada de corrihuelas y abrepuños. Cuando miraban tender el nuevo alambrado, al mayor se le cayeron lágrimas. Y el padre, como si nada.

                                                                                              El arao viejo
                                                                                              Milton Stelardo



10 de diciembre de 2014

Campanillas de otoño

Tonet cogía campanillas silvestres, y formando una corona la colocaba sobre los alborotados pelos de su amiga, riendo al ver cómo se asemejaba a las cabecitas pintadas en los altares de la iglesia del Palmar           
                                                                                                            Cañas y barro
                                                                                                            Vicente Blasco Ibáñez




Parece que el único mérito o la única utilidad de estas campanillas de otoño, leucojum autummale, es adornar los campos con su pequeña presencia durante los meses de otoño, lo cual no es poco pues posiblemente es la estación más pobre en flores. No he encontrado nada referente a esta florecilla salvo la información puramente botánica. Es más, estoy casi seguro que no son estas las campanillas con las que Tonet  le hace una corona a Neleta.



Pero la ausencia de datos no va a evitar que ponga unas cuantas fotos de esta flor en apariencia poquita cosa y con ese aspecto tímido que le da la caída del tallo. Sin embargo todo lo que tiene de sencillo y poco vistoso en el exterior lo tiene de llamativo en el interior. 



14 de junio de 2011

Altramuz azul

Circulaba el porrón, soltando su rojo chorrillo que levantaba un tenue glu-glu al caer en las abiertas bocas; obsequiábanse unos a otros con puñados de cacahuetes y  altramuces.
                                                                                          La barraca
                                                                                          Vicente Blasco Ibáñez





Pues sí, de estas bonitas flores azules del lupinus angustifolius surgen los amarillos altramuces que nos ponen en muchos lugares acompañando una caña, o que en nuestra infancia les echábamos a los patos del estanque del parque.


Mas, aparte de estos usos cotidianos, esta legumbre ha conocido otros más curiosos: en la localidad cordobesa de Posadas durante la verbena de Santiago era tradición que las mozas le tirasen altramuces al santo, en el convencimiento de que atinándole en el ombligo, encontarían novio.