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2 de abril de 2011

Agalla de roble

                                               Fuí en pos los lobos que al pastor levaban
                                               Reptandolos a firmes porque a mi dessaban:
                                               Ellos por las mis voçes tres agallas non daban,
                                               Ca por lo que vinieran con recabdo tornaban


                                                                Gonzalo de Berceo
                                                                Aquí escomienza el duelo que fizo la Virgen María
                                                                el día de la Pasión de su fijo Jesuchristo

Volvemos, y no será la última vez, sobre las agallas.


La formación de la agalla supone para el organismo inductor una ventaja, al concentrar en ella elementos nutritivos, proporcionándole a la vez protección frente al ambiente y a posibles enemigos naturales.


No es descartable que también reporte alguna ventaja a la planta, ya que al producirse la agalla el parásito queda localizado, neutralizando su efecto sobre todo el individuo.


En el caso de los robles las agallas se producen en respuesta a la puesta de huevos de cinípidos o avispas de las agallas. Una curiosidad más: el ciclo vital de estos insectos  alterna dos generaciones, una formada por machos y hembras, y otra sólo por hembras que se reproducen por partenogénesis.


En las fotografías diversas fases en la evolución de las agallas de Andricus quercustozae.

12 de marzo de 2011

Agalla canica de roble

También me agradaba subirme a los robles que eran menos abundantes, pero más altos que las encinas. Sus bellotas son muy amargas, pero estos árboles producen, entre sus grandes hojas, unas pequeñas bolitas, que los niños llamabamos "bobajos". Los niños íbamos, con entusiasmo, a recoger esta rara cosecha porque nos servía para el "guá" o las "canicas".
                                                                           En el corazón de otros tiempos                                    
                            Gerardo Martín Pascual

Podría decirse que el descubrimiento de Ámerica supuso la desaparición de los robledales de la sierra de Aracena. Hacía falta madera para construir barcos y para una ciudad, Sevilla, que crecía a la sombra del descubrimiento. Y el roble, desde siempre apreciado por la calidad de su madera, fue el principal perjudicado. Las áreas deforestadas fueron repobladas con castaños, pero aún podemos encontrar robles en los que apreciar esta curiosa formación: la agalla.


Una agalla es el crecimiento anómalo de una parte de una planta como respuesta a la acción de otro organismo, por lo común un insecto, aunque también producen agallas los virus, los ácaros, hongos, bacterias... El resultado es una estructura que es distinta y típica para cada par de elementos implicados: planta y organismo inductor.


  La agalla canica, a la que corresponden las imágenes, esta producida por Andricus kollari, un insecto del orden de los himenópteros, de la familia de los cinípidos.

Volveremos sobre las agallas. Mientras, podéis encontrar más información aquí