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27 de abril de 2021

Chicoria andaluza

Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído en sus libros, cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos con las memorias de sus señoras. No la pasó ansí Sancho Panza, que, como tenía el estómago lleno, y no de agua de chicoria, de un sueño se la llevó toda. 

                                                                     Don Quijote de la Mancha                                                                                                                                     Miguel de Cervantes

Cuando me encontré este texto de Cervantes pensé que la expresión agua de chicoria sería equivalente a la de agua de borrajas o de cerrajas: algo sin sustancia y de lo que cabe esperar pocos efectos. De todos modos fui a documentarme.

Acudí a la edición conmemorativa del Quijote editada por el Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, que respecto a este agua de chicoria dice: cocimiento de bulbo de achicoria tostado y molido; se creía que hacía dormir. La explicación no me cuadra mucho. Ha ido Sancho, tras la aventura de los molinos y antes de llegar la noche, comiendo de lo que llevaba en sus alforjas y empinando la bota. Así pues llega a la hora de dormir con el estomago lleno no sólo de buenas viandas suponemos sino de alcohol, dos cosas que llaman al sueño, en contraposición al agua de chicoria caso de representar esta como yo creo algo sin efectos.

Tampoco sabemos a que planta hace referencia Cervantes, si a la achicoria (cichorum intybus) que se como ya vimos se ha empleado en épocas de carestía como sustituto del café ( y que no es que diese sueño, sino que al no tener cafeína al menos no lo espantaba)  o a la que ilustra la entrada de hoy, la Tolpis barbata, conocida como chicoria andaluza y a la que no se le conoce ninguna utilidad. En resumen, que me quedo con mi explicación

Como ya he dicho no se le conocen usos, pero sí otros nombres: chicoria loca, chicoria menor, toquilla y ojos de Cristo son algunos de ellos



13 de octubre de 2020

Agalla de cornicabra (2)

¡Ojalá que como tu me entiendes me entendiesen aquellos por quién lo digo; que no sé qué tengo de buen natural, que me pesa infinito cuando veo que un buen caballero se hace chocarrero y se precia que sabe jugar los cubiletes y las agallas, y que no hay quién como él sepa bailar la chacona!
                         
                                                         El coloquio de los perros (novelas ejemplares)
                                                         Cervantes


Ya hemos visto varios usos de las agallas, normalmente referidas a la agalla canica del roble. Asi hemos visto que se han usado para elaborar tinta o engañar a las aves, o para jugar a las canicas. Hoy y de la mano de Cervantes vamos a conocer otro uso


Para ilustrar, unas agallas que produce sobre la cornicabra (en una de las fotos puede verse también la típica agalla de cornicabra ) un pulgón de nombre Geoica utricularia que provoca unas agallas en forma de saquito (de ahí supongo que lo de utricularia).


Por lo que he averiguado el jugar cubiletes y agallas hace referencia a un juego de manos conocido como masecoral o pasa pasa, y que era algo así como el trile. Según Covarrubias el que ejecutaba el juego hacía como que metía una bolita en un cubilete aunque en realidad no lo hacía, y la introducía en uno que el público creía vacío. Luego hacía unos pases con una varita al tiempo que decía pasa pasa. Como bolitas se usaban al parecer agallas.


7 de enero de 2020

Tagarninas

Miguel tenía ya seis años, y con el afán de ayudar a su madre iba, como veía hacer a otros muchachos mayores que él, a coger tagarninas al campo. Salía por la mañana y volvía a la oración sin haber probado bocado en todo el día y por descanso iba de puerta en puerta ofreciendo sus tagarninas. Pero los muchachos mayores que él, que andaban más, habían vuelto antes y le habían quitado la poca venta que tenía la silvestre legumbre
                                                                         El vendedor de tagarninas
                                                                         Fernán Caballero



El texto que he elegido para encabezar y más concretamente una palabra del mismo, oración, me va a permitir empezar yéndome por los cerros de Úbeda. O mejor dicho por la Peña de Alájar. Para quienes no conozcan el lugar diré que Alájar está situado al pie de una formación muy particular conocida como la Peña de Alájar o de Arias Montano por haberla elegido como lugar de retiro  el famoso humanista. Al borde de la Peña, a más 150 metros sobre el pueblo, se sitúa un campanario. Sus campanas repican todos los días al amanecer y al ponerse el sol. Tras años de escuchar los fines de semana el alegre repique, me enteré, de casualidad como suelen ocurrir estas cosas leyendo algo que no tenía nada que ver, un cuento de Borges, me enteré digo que ese repique se llama oración. No se si se mantendrá esta costumbré en mucho lugares, sí puedo decir que lejos de molestar, ese toque de campanas con las primeras luces transmite cierta sensación de sosiego, al menos a mí.También es verdad que cuando las escucho es en fines de semana y periodos de vacaciones.


Pero vamos con las tagarninas que es como se conoce, sobre todo por el sur, al Scolymus hispanicus, y que por otros lugares denominan cardillo. Y aunque parezca mentira ambos términos tienen un mismo origen, pues según el diccionario de la lengua tagarnina procede del árabe hispánico taqarnína, a su vez del bereber taqarnina, este del mozárabe karlina y este por último del latín cardus, cardo.


Tienen las tagarninas las hojas dispuestas en una roseta basal muy ramificada. Esta roseta, una vez peladas las hojas espinosas dejando solamente el tallo  y los nervios centrales se ha usado desde antiguo como alimento, y en determinados lugares como en la provincia de Cádiz se continúa utilizando en cocidos (la famosa berza jerezana) en revueltos, esparragás, en ensalada... Bien es verdad que siempre ha sido más alimento de subsistencia en épocas de carestía que manjar apreciado como parece desprenderse de este pasaje del Quijote:

- Por mi fe hermano -replicó el del Bosque-, que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas,ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo que ellos mandaren; fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que le dé mil besos y mil abrazos


Las flores de las tagarninas también  han tenido al parecer utilidad, en este caso no tan honrada, y es que han sido usadas para adulterar o hacerlas pasar por azafrán.


No quiero cerrar el comentario sin aludir a otra acepción de tagarnina cuyo origen no he logrado encontrar y no se si tendrá relación con nuestra planta aunque sospecho que sí: se denominan tagarninas, en tono de burla, a los cigarros puros de mala calidad:

                                                     El habano , cuyo aroma
                                                     nunca la fragancia pierde,
                                                     arda en Madrid o arda en Roma,
                                                     y aunque de capa algo verde,
                                                     tiene el interior maduro..,
                                                     bien puede pasar por "puro".
                                                     Pero aquel que dobla la hoja
                                                     al roce de un leve tacto,
                                                     y en el perfume que arroja
                                                     nos da el olorcillo exacto
                                                     del incienso de cocina...
                                                     no es "puro", que es "tagarnina"
                                                                                     José Bernat y Baldoví




29 de octubre de 2019

Agallas de coscoja

- ¡Oh canalla- gritó a esta sazón Sancho-. ¡Oh encantadores aciagos y malintencionados, y quién os viera a todos ensartados por las agallas, como sardinas en lercha. Mucho sabéis, mucho podéis y mucho más hacéis. Bastaros debiera, bellacos, haber mudado las perlas de los ojos de mi señora en agallas alcornoqueñas, y sus cabellos de oro purísimo en cerdas de cola de buey bermejo, y, finalmente, todas sus facciones de buenas en malas, sin que le tocárades el olor, que por él siquiera sacáramos lo que estaba encubierto debajo de aquella fea corteza
                                                                                            Don Quijote de la Mancha
                                                                                            Miguel de Cervantes


Agallas han aparecido ya por el blog en diversas ocasiones. La que hoy traigo  está causada por la fase sexuada de una avispa de las agallas (cinípidos se llaman este tipo de avispas) de nombre poco menos que impronunciable: Plagiotrochus quercusilicis


Las fotos que podéis ver corresponden a agallas de esta especie sobre coscoja, con muestras de afectación tanto de  hojas como de flores. En este segundo caso son más alargadas y reciben el nombre de  fusifex.


Según he leído este cinípido no sólo produce agallas en hojas y flores de las coscojas, sino que también afecta a  las encinas, pero por más que remuevo en mi archivo no encuentro fotos con que acompañar este dato.


Buscando información por la red me he encontrado en más de una ocasión fotos de estas agallas ilustrando artículos hablando del kermes, cuando no identificándolo erróneamente con este. Y es que, como vimos hace dos semanas, de los caparazones desecados de las hembras del kermes vermilio, un insecto que se desarrolla en las coscojas se obtenía un tinte rojo , el carmesí, pero no tiene nada que ver con el Plagiotrochus


2 de julio de 2019

Reseda luteola. Gualda

                                             Permite al peregrino que va de paso
                                             dejar estas resedas en tu regazo
                                                                                                     A una morena
                                                                                                     Aquileo Echeverría



Tercera reseda que viene por el blog, la Reseda luteola. Y sospecho que será la última, y esta sí que se usaba para obtener un tinte, el gualda, que le da nombre

                                                          Ese laurel pon aquí,
                                                          ese sauce a esotra parte,
                                                          ese álamo blanco allí,
                                                          y entre todos tenga parte
                                                          el jazmín y el alhelí.
                                                          Haga el suelo de esmeraldas
                                                          la juncia, y la flor de gualdas
                                                          la vuelva en ricos topacios
                                                                       Comedia famosa de Pedro Urdemalas
                                                                       Miguel de Cervantes 



Y aunque el tono amarillo de nuestra bandera es el gualda, cuando la constitución la define no habla de gualda sino que dice " la bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas" (si alguien quiere saber más de este asunto y por qué el término gualda fue apeado de la definición le aconsejo visitar este sitio)


Nunca pensé que fuera darme tanto juego la reseda, ni que fuese a encontrar tantas referencias literarias, pues aparte de las expuestas también aparecen en la obras de Alejo Carpentier, Emilia Pardo Bazán, Pérez Galdós, Gabriel Miró o Fernán Caballero. No me resisto a recomendar la lectura de un delicioso cuentecillo de Anatole France de apenas cuatro párrafos La reseda del párroco


Pero no solo referencias literarias, también musicales, pues Richard Strauss puso música a un poema de Hermann von Gilm ( Allerseelen, Día de difuntos) en el que se habla de resedas

                                           Pon sobre la mesa las fragantes resedas,
                                           trae aquí los últimos ásteres rojos,
                                           y hablemos otra vez del amor,
                                           como antaño, en mayo


Manuel Machado también hace uso de las resedas en Cantares pero acentuando como aguda: resedá

                                                          Este ramo hecho de prisa
                                                          de cancioncillas banales
                                                          alegres y matinales
                                                          de rocío y resedá...

                                                          Madrigales
                                                          son, entre el llanto y la risa,
                                                          papeles, que son papeles,
                                                          alegrías y oropeles
                                                          y ruido que se va,
                                                          cascabeles



Su padre en cambio usa la acentuación habitual en estos pregones del florero:

                                                        Un jardín llevo en el brazo:
                                                        malvaloca, sensitivas,
                                                        marimoñas, siemprevivas
                                                        llevo las flores de lazo,
                                                        llevo reseda, jazmines,
                                                        llevo la rosa de cera,
                                                        llevo treinta primaveras
                                                        cogidas de mis jardines.
                                                                       Pregones del florero
                                                                       recogido por Antonio Machado y Álvarez "Demofilo"
                                                                       Informante: Vicente, florero de Sevilla hacia 1880



19 de septiembre de 2017

Berros

Has de saber, hijo, que en esta villa vivió la más famosa hechicera que hubo en el mundo a quién llamaron la Camacha de Montilla; fue tan única en su oficio, que las Eritros, las Circes, las Medeas, de las que he oído decir que están las historias llenas, no la igualaron. Ella congelaba las nubes cuando quería, cubriendo con ellas la faz del sol, y cuando se le antojaba volvía sereno el más turbado cielo; traía los hombres en un instante de lejas tierras, remediaba maravillosamente las doncellas que habían tenido algún descuido en guardar su entereza, cubría a las viudas de modo que con honestidad fuesen deshonestas, descasaba las casadas y casaba las que ella quería. Por diciembre tenía rosas frescas en su jardín y por enero segaba trigo. Esto de hacer nacer berros en una artesa era lo menos que ella hacía, ni el hacer ver en un espejo, o en la uña de una criatura, los vivos o los muertos que le pedían que mostrase. Tuvo fama que convertía los hombres en animales y que se había servido de un sacristán seis años, en forma de asno
                                                                                               El coloquio de los perros
                                                                                               Miguel de Cervantes



Buscando información sobre los berros, nasturtium officinale, una de las primeras cosas con que me topé fue con la expresión hacer nacer berros en una artesa o en una cama, no entendiendo al principio su sentido comprendiendo después que se trataba de una marea de tildar a alguién de bruja. Y debía ser expresión común en el siglo de oro pues además de Cervantes  la encontramos  en textos, entre otros de de Mateo Alemán o Lope de Vega:

                                                que aun muertos no están seguros
                                                de conjuros
                                                y de maldades que haces,
                                                con que deshaces
                                                las nubes y las arrasas
                                                por donde pasas.
                                                Que sin ir a la dehesa,
                                                en una artesa
                                                sueles hacer nacer berros
                                                                                        El galán Castrucho
                                                                                        Lope de Vega


Más cosas que he aprendido con los berros. Hasta ahora para mi mastuerzo era un insulto, sinónimo de  tonto, inútil... y efectivamente el DRAE así lo recoge, pero en su tercera acepción. La primera hace referencia a una planta crucífera, concretando en la segunda: berro. Mastuerzo deriva claramente del nombre latino del berro, nasturtium, y este nasturtiun de la unión de dos palabras latinas: nasus (nariz) y turtus (torcido) por el gesto de arrugar la nariz que el picante sabor u olor del berro provoca. Como este torcimiento de nariz llegó a convertirse en insulto  no lo sé.


Los berros en el siglo de oro no sólo señalaban a las brujas:

Andábame vagando a la flor del berro por las calles de Roma, y como tenía de la prosperidad algunos amigos de mi profesión, viéndome desacomodado me convidaban.
                                                                                                        Guzmán de Alfarache
                                                                                                        Mateo Alemán 

                                                             No hay moza que servir quiera,
                                                             ni mozo que por su yerro
                                                             no se ande a la flor del berro:
                                                             él sandío y ella altanera
                                                                                                        Pedro de Urdemalas
                                                                                                        Miguel de Cervantes



A decir de la biblioteca virtual Miguel de Cervantes este modismo, andar a berros, se aplica a quienes se dan a la vida ociosa en busca de diversión y placer, cuando no de vicio, teniendo su fundamento en la actitud de las vacas que cuando ya están hartas y su apetito satisfecho se entretienen en picotear las hierbecillas más agradables al paladar, como el berro.


Se trata de una planta comestible, no sólo para las vacas, fundamentalmente en forma de ensalada y aunque he leído por ahí que es rica en vitaminas y minerales, no debe ser muy nutritiva y si no, atended a este fragmento del romance de don Bueso, que regresa a casa tras encontrar casualmente a su hermana, cautiva en tierra de moros:

¡Abrid puertas,madre,
puertas de alegría,
por traeros nuera
traigo vuestra hija!
- ¡Si me traes nuera,
sea bien venida!
Para ser mi hija,
¡qué descolorida!
- ¿Qué color, mi madre,
qué color quería,
si hace siete años
que pan no comía,
si no eran los berros
de una fuente fría
do culebras cantan,
caballos bebían?
¡Si no eran los berros
de unas aguas margas
do caballos beben
y culebras cantan!
                                                                                    Romance de don Bueso



30 de julio de 2014

Cantueso pedunculado

porque no vamos a bodas, sino a rodear el mundo y a tener dares y tomares con gigantes, con endriagos y con vestiglos, y a oír silbos, rugidos, bramidos y baladros; y aun todo esto fuera flores de cantueso si no tuviéramos que entender con yangüeses y con moros encantados.
                                                                                       Don Quijote de la Mancha
                                                                                       Miguel de Cervantes


Las fotos que ilustran la entrada de hoy pertenecen al cantueso pedunculado, lavandula stoechas subsp pedunculata o lavandula pedunculata, también conocido cantueso de pezón largo y que se diferencia del anterior, en que el pedúnculo carente de hojas por debajo de la espiga floral es extremadamente largo, varias veces la longitud de la espiga, en tanto que en el cantueso que vimos anteriormente este pedúnculo era de una longitud inferior a la espiga.


En el texto que encabeza la entrada de hoy al igual que ocurría en el que cerraba la de hace unas semanas usa Cervantes la expresión ser flor de cantueso que  dicho de algo equivale a catalogarlo de menudencia, de cosa sin importancia. No sólamente Cervantes la usa, también Galdós en sus Episodios Nacionales:

Pero sea lo que quiera, ello es que entonces andaban a la greña, sin atender al formidable enemigo que por todas partes nos cercaba. Y aquel era enemigo, lo demás es flor de cantueso.
                                                                                              Gerona



El cantueso como tantas plantas ha sido utilizado en la medicina popular para la preparación de muchos remedios, en especial para tratar heridas y llagas, pero para lo que principalmente se ha usado es, por su agradable olor, para perfumar, colocando las flores secas dentro de bolsitas que introducidas en armarios no solo aromatizaban la ropa sino que también ahuyentaban a las polillas. Bueno, y también para perfumar lugares más amplios que un armario o un cajón:

En estos días de verano cuando el cantueso tapiza de morado las laderas de la sierra, al romper el alba los devotos siembran de flores olorosas de cantueso las losas de la iglesia. El aire se llena de penetrante aroma.
                                                                                         Doña Inés: historia de amor
                                                                                         Azorín



16 de julio de 2014

Cantueso

                                                           La que ayer fue mi querida
                                                           va sola entre los cantuesos

                                                          Tras ella una mariposa 
                                                          y un saltamonte guerrero

                                                          Tres veredas:
                                                          Mi querida la del centro.
                                                          La mariposa, la izquierda.
                                                          Y el saltamonte guerrero
                                                          saltando, por la derecha.
                                                                                            Marinero en tierra
                                                                                            Rafael Alberti




Las flores del cantueso, lavandula stoechas, de un color morado oscuro se agrupan en varias hileras formando una especie de espiga que como si fuera un indio se corona con un penacho de hojas modificadas de un color también morado algo más claro, que tiene como función atraer a los insectos.


No está nada claro el origen de la palabra cantueso. Para Corominas y Pascual podría derivar del griego kamae cios, incienso de tierra. Lo de  lavandula parece más obvio, del latín lavare, lavar, por la costumbre de aromatizar el agua  con esencia de estas plantas. Aunque hay quién sugiere, apoyándose en citas antiguas en que aparece como livendula, que deriva de lividus por el color de sus flores.


También hay algunas discrepancias respecto al apellido stoechas.  Decía Dioscórides que tomaba el nombre de un grupo de islas situadas al sur de Francia conocidas como Stichades (hoy Hyeres) en las que abundaba el cantueso. Mas es difícil de asumir que una planta tan abundante en todo el litoral mediterráneo venga a tomar su nombre de una zona tan reducida, siendo más probable que ambas, la planta y el grupito de cuatro islas, tomen su nombre del griego stoichas que significa alineado describiendo así la disposición de las islas y de las flores del cantueso.


Termino con un texto de Cervantes en el que se hace un uso muy particular del término cantueso del que ya hablaré en una próxima entrada. Porque habrá otro cantueso

Principios son -dijo Monipodio- pero todo eso son flores de cantueso viejas y tan usadas que no hay principiante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo
                                                                             Rinconete y Cortadillo



27 de junio de 2011

Cañaheja

- Dadme, buen hombre, ese báculo, que le he menester.
- De muy buena gana -respondió el viejo-: hele aquí, señor.
Y púsosele en la mano. Tomóle Sancho, y, dándosele al otro viejo, le dijo:
- Andad con Dios, que ya vais pagado.
- ¿Yo, señor? -respondió el viejo-. Pues ¿vale esta cañaheja diez escudos de oro?
- Sí -dijo el gobernador-, o, si no, yo soy el mayor porro del mundo, y ahora se verá si tengo yo caletre para gobernar todo un reino.


                                                                                                Don Quijote de la Mancha
                                                                                                Miguel de Cervantes




Zeus, enojado  tras haber sido  engañado por Prometeo, castigó a la humanidad sin fuego. "¡Que se coman su carne cruda!" dicen que gritó tras elegir guiado por las apariencias la peor parte de un toro sacrificado, dejando la parte buena a los hombres.




Prometeo, causante de la irritación divina, quiso ser quién le pusiera remedio y se propuso recuperar el fuego. Solicitó para ello la ayuda de Atenea que le franqueó el acceso al Olimpo. Tras entrar en él se acercó al carro de fuego del sol del que arrancó un trozo de carbón al rojo que introdujo en el hueco de una cañaheja, pudiendo de este modo sacar el fuego de la morada de los dioses.




La cañaheja (Ferula comunnis) es una hierba que anualmente produce un tallo alto, recto,  de unos dos metros. La pulpa del interior de esta caña es fácilmente inflamable pero de combustión lenta, ideal por tanto para mantener un fuego.




Robert Graves en su libro Los mitos griegos apuntaba que en algunas islas griegas aun se usaba este sistema para transportar el fuego de un lugar a otro. Quién no conozca la suculenta narración del Quijote que encabeza la entrada que acuda al capítulo XLV de la segunda parte y si no tuviera un ejemplar a mano que pinche aquí .

28 de abril de 2011

Albarraz, hierba piojera

Y luego la Dolorida y las demás dueñas alzaron los antifaces con que cubiertas venían, y descubrieron los rostros todos poblados de barbas, cúales rubias, cúales negras, cúales blancas y cúales albarrazadas, de cuya vista mostraron quedar admirados el duque y la duquesa, pasmados don Quijote y Sancho, y atónitos todos los presentes
                                                                                                     Don Quijote de la Mancha
                                                                                                     Miguel de Cervantes


Es el albarraz (Delphinium staphisagria) una planta llamativa, fácil de identificar por sus grandes hojas que recuerdan una mano abierta y sus hermosas flores de color azul, color al que parece aludir Cervantes al usar el término albarrazadas para referirse a las barbas que bajo el antifaz ocultaban la Dolorida y las doce dueñas que la acompañaban.


El apelativo de hierba piojera le viene de uno de sus usos:

entra también en los remedios detersivos de las úlceras, sarna y enfermedad pedicular o de piojos, en cuyo caso se hace polvos, y se esparcen sobre la parte en que anidan estos: o se mezcla con aceyte, o manteca fresca para untar con ello la cabeza; y es una cosa prodigiosa ver como los piojos huyen, muriendo infaliblemente los más torpes y perezosos
Flora española; o Historia de las plantas que se crian en España. José Quer y Martínez 1784



Pero aunque debe ser digno de ver como huyen despavoridos los piojos, más vale andarse con cuidado y caso de verse infestado por tan desagradable bichito, seguir confiando en la permetrina, ya que la hierba piojera es muy tóxica y su ingestión puede producir la muerte por asfixia.