Don Evaristo nos dijo que no nos apuráramos que él estaba para eso, para ayudar a curarse a quién lo necesitaba. Se esforzó el señor doctor. Venía todas las mañanas a ver a Félix. Al principio le recetó emplastos de murajes. Según decía, le extraerían toda la porquería que tenía dentro.
Cuando alargar el paso
Andoni Egaña
Por sus flores este muraje de hoja de lino (anagallis monelli) prácticamente no se distingue del muraje azul. La diferencia está en las hojas mucho mas estrechas y menos suculentas en esta variedad
Los murajes me están dando bastante juego, y sólo mi mujer sabe lo pesado que me he puesto y la de paseos que hemos dado en busca de alguno de ellos, y ahora que me he enterado de que existen ejemplares híbridos de diferentes colores espero que no se tome muy a mal el que nos pongamos a buscarlos
- En ese caso, la predicción de tu futuro es empresa de una legión de adivinos. Danos nervios de mosca,
patitas de ciempiés,
lengua de salamandra,
ternilla de ratón,
paladar de sapo,
unto de mandril,
trébol hediondo,
labios de murciélago,
párpados de ahogada,
tuétano de lobezno,
calavera de tejón,
fibrillas de momia,
uñas de náufrago,
raíz de culantrillo,
más cinco gatos negros,
amén de algunas curianas
y urdiremos una hechicería para descubrirlo. - ¡Que lástima! De eso no tengo- contesté Escuela de mandarines Miguel Espinosa
La lista de ingredientes para el hechizo podría llevarnos a pensar que el trébol hediondo debe ser una planta difícil de encontrar, y al contrario es una planta muy común, y de todos los ingredientes de la pócima, a mi entender, el más sencillo de conseguir.
Su nombre científico, bituminaria bituminosa, que tiene betún o semejante al betún ( no al que usamos para limpiar zapatos, sino al resultante de la destilación del petróleo) hace referencia a una de sus características: al olor a betún o alquitrán que desprende. De ahí también lo de hediondo. Pero si lo veis acercaros sin miedo pues no es para tanto.
Aunque su principal uso es como alimento del ganado, sus hojas, cocidas, se han usado para cerrar úlceras y curar heridas, y la cocción de toda la planta se decía que aliviaba el dolor de las picaduras de serpiente, eso sí una vez empleada con este fin la cocción no podía usarse para sanar las heridas, pues el herido sufriría los mismos dolores que si hubiese sido mordido por la serpiente.
O tal vez fuese que, como supe más tarde, aquellos días estaban preparando la cerveza (bebida bastante apreciada en aquella comarca del norte de la península), que allí se elaboraba siguiendo la modalidad de mi país, o sea con brezo, mirto de los pantanos y romero de estanque silvestre. Aromas que, más que mi nariz, embriagaron mi mente.
El nombre de la rosa Umberto Eco
No nos aclara Adso de Melk, el joven novicio discípulo de Guillermo de Baskerville, el color del brezo con el que se elaboraba esa cerveza, no podemos pues saber si era la erica australis que podemos ver en esta entrada ( si no me equivoco ya que según el proyecto anthos son tres las especies de brezo con flores de color rosa que podemos encontrar en el parque natural)
No se si en Austria, país de origen de Adso, se elaboraban cervezas con brezo, pero si hay documentos que relatan que los pictos, antiguos habitantes de Escocia, elaboraban antes de nuestra era una cerveza a base de brezo, que según dicen tenía propiedades alucinógenas debido a un hongo que crecía asociado al brezo. A ser invadida Escocia por los irlandeses en el siglo IV parece que se perdió la receta.
Sin embargo se sigue elaborando una cerveza escocesa de cebada aromatizada con flores de brezo,la Fraoch Heather Ale, y que lo mismo cualquier día de estos me doy un paseo y la pruebo.
Había también macizos de flores, unos eran productos de la tierra, las otras las fabricaba el arte: rosales, jacintos y lirios procedían de la mano del hombre; violetas, narcisos y murajes los producía la tierra. Había sombra en verano, flores en primavera, fruta en otoño y en toda estación deleite.
Dafnis y Cloe Longo
Si no hace mucho veíamos los murajes rojos, hoy le toca el turno a los azules, en todo similares a aquellos salvo en el precioso e intenso color azul de sus flores.
He leído que esta diferencia de coloración obedece a las distintas características del terreno, en concreto a la presencia de metales pesados y a la acidez del mismo, de modo que sustratos ácidos serían fuente de flores rojas, en tanto que aquellos alcalinos darían lugar a la aparición de flores azules. Dicen que la ignorancia es osada, de modo que reconociéndome ignorante me voy a atrever a dudar de esta explicación pues estoy acostumbrado a ver crecer juntos a ambos murajes a apenas un palmo de distancia uno del otro.
En cuanto al nombre, anagallis, parece ser que procede del griego y significaría cantar o reír fuerte, en referencia a las supuestas virtudes hilarantes de la planta. Aunque hay quien asegura que vendría de la partícula negativa an y gallis, para recordar no dársela a las gallinas sobre las que dicen que tiene un efecto euforizante haciéndolas cacarear alegremente.
Él murió a la media noche, ella a los gallos cantar; a ella como hija de reyes la entierran en el altar, a él como hijo de conde unos pasos más atrás. De ella nació un rosal blanco, de él nació un espino albar; crece el uno, crece el otro los dos se van a juntar; las ramitas que se alcanzan fuertes abrazos se dan, las que no se alcanzaban no dejan de suspirar. La reina, llena de envidia, ambos los mandó cortar; el galán que los cortaba no cesaba de llorar. Romance del Conde Niño Anónimo
Ya he comentado en alguna ocasión que indagando sobre las plantas acaba uno llegando a lugares insospechados y eso es lo que me ha ocurrido con el espino albar (Crataegus monogyna) un arbusto espinoso, de hojas muy características, usado con frecuencia para formar setos vivos y con una floración espectacular, que me ha llevado a indagar y acabar hablando de báculos florecidos.
Hace ya tiempo había leído que según una leyenda San José de Arimatea llegó a Inglaterra donde fundó la abadía de Glastonbury. Allí clavó su cayado en el suelo y de él surgió un espino albar, que presentaba una peculiaridad: florecía dos veces al año, en primavera y en Navidad. Ese espino, a base de injertos ha "llegado" hasta nuestros días, y es costumbre desde el siglo XVI enviar flores de ese árbol en Navidad al soberano inglés (como me consta que me leen en Inglaterra, espero que me confirmen estos datos).
Lo del báculo florecido me sonaba a algo. A Quo vadis. Al final de la película se puede ver, entre músicas angelicales, como el báculo de San Pedro florece en el lugar en el que huyendo de Roma se le había aparecido Cristo con el que mantiene ese dialogo que se inicia con la frase que da título al libro: Quo vadis Domine? He buscado esta escena en el libro, y no aparece. Se trata de un añadido, efectista, de la película.
Pero me he encontrado con otros báculos que florecen, aunque sólo en el caso del báculo de Aaron nos indica qué florece: un almendro. También el cayado de San Cristóbal, según se nos cuenta en la Leyenda dorada, floreció tras clavarlo su dueño en tierra y elevar oraciones al cielo suplicando dicho milagro.
A San José se le representa siempre con un báculo, pero hasta hoy no me había dado cuenta de que también está florecido. La explicación, como no, en la Leyenda dorada, que nos cuenta como el esposo de la Virgen fue elegido entre todos los hombres no casados y en edad de casarse de la casa de David, siendo el signo que lo designaría su bastón florecido.
Y termino, aunque sospecho que habra más. Tannhäuser. Tannhäuser ha ido a Roma a suplicar al papa el perdón de sus muchos pecados, pero regresa sin ese perdón, tan imposible según el papa como que florezca su báculo, encontrando que su amada Elisabeth, que había ofrecido su vida a la Virgen a cambio de la salvación de Tannhäuser, ha muerto por él. Muere también Tannhäuser, tras lo cual llegan de Roma los peregrinos portando el florecido báculo papal. Y como hoy he estado un poco pesado os dejo para compensar los dos últimos minutos de Tannhäuser. Merecen la pena.
Este despedazado anfiteatro impío honor de los dioses, cuya afrenta publica el amarillo jaramago, ya reducido a trágico teatro ¡Oh fábula del tiempo! representa cuanta fue su grandeza y es su estrago.
Oda a las ruinas de Itálica Rodrigo Caro
Describe Rodrigo Caro en su poema como una ciudad, en otro tiempo de las más importantes de la Bética, que dió dos emperadores a Roma, ha llegado a convertirse en un montón de ruinas desoladas. Y una de las imágenes que elige para ilustrarlo es la del jaramago que hace público este abandono. Muy bien traída, ya que los jaramagos son plantas que crecen sobre terrenos baldíos, esos que muchas veces se denominan como incultos o degradados. O en palabras nuevamente del poeta: campos de soledad, mustio collado.
Como sucede en muchas ocasiones, son varias las plantas que reciben el nombre común de jaramago. La que aparece en las fotos es, siempre con las debidas reservas, una diplotaxis virgata. Si es posible ya traeremos otros jaramagos por aquí.
Pocas utilidades le podemos encontrar al jaramago, salvo la de servir como hierba forrajera a los rebaños de cabras y ovejas. De ahí que no sea raro oir decir que no sirven para nada:
No. No me repitas lo que dicen. Ya veo por mis ojos que no puede ser... A fuerza de caer la lluvia sobre las piedras estas se ablandan y hacen crecer jaramagos, que las gentes dicen que no sirven para nada "los jaramagos no sirven para nada", pero yo bien los veo mover sus flores amarillas en el aire
Yerma Federico García Lorca
y es que en verdad tras el invierno, un campo lleno de jaramagos, por muy abandonado que esté, es una alegría para la vista.