20 de febrero de 2024

Leocarpus fragilis

Así hablando en medio de aquellas verdipardas soledades, Alpuente pateó un tronco caído. La madera podrida se deshacía con facilidad. Lo voltearon entre los dos. Se produjo en la sombra recóndita una escurribanda de bichejos. Una colonia de hongos amarillos se apretaba en la corteza putrefacta

                                                                                                 Ávidas pretensiones
                                                                                                 Fernando Aramburu


Algunas de las fotos que ilustran la entrada de hoy tienen más de ocho años, pero no ha sido hasta hace pocos días que le he podido poner nombre a lo fotografiado: Leocarpus fragilis


Y no sólo poner nombre, también confirmar algo que suponía y es que pese a lo distintas que son unas de otras todas pertenecen a una misma especie.


Yo he tardado en ponerle nombre (y como suele suceder ha sido por casualidad), pero los científicos parecen mostrar dudas en cuanto a dónde clasificarla, si entre los hongos o entre los protistas.


En sus etapas tempranas es una masa viscosa apareciendo luego esas bolitas muy numerosas y agrupadas que asemejan puestas de huevos. En esos glóbulos, primero  de color amarillo vivo y que con el paso del tiempo adquieren un tono rojizo, es dónde se formarán las esporas. Las formas y colores que podemos encontrar son muy variados.


La podemos ver en otoño creciendo  sobre materia en descomposición, ramas pequeñas, madera muerta, hojas, piñas...


Lo de leocarpus es por la lisura de los globulos (Leo: liso Carpus: fruto) y lo de fragilis por la facilidad con que se rompen. No es comestible, aunque tampoco se considera tóxico y aunque en los sitios que he consultado dicen que es muy frecuente yo sólo lo he visto en tres ocasiones 



6 de febrero de 2024

Cardo cuajaleches

Fuimos más allá, pasamos por delante de un bancal rodeado de vallas donde las ortigas y los cuajaleches asfixiaban a los groselleros negros y los groselleros silvestre
                                                                                            Maquinas como yo
                                                                                             Ian McEwan


Ya hemos visto con anterioridad plantas que se utilizan como cuajo en el proceso de elaboración del queso, y las flores de esta Galactites tomentosa también se utilizan para ello de ahí que se conozca como cardo cuajaleche. Y aunque en algún lugar he leído que es uno de los utilizados en la elaboración de los conocidos (y riquísimos) quesos de flor de Guía, en realidad estos se elaboran con flor de otros cardos, la Cynara cardunculus o la Cynara scolymus (sí pudiera ser que se use para el denominado queso de media flor para la elaboración de los cuales, según el pliego de condiciones de la denominación de origen, el cuajo procedente de los cardos referidos basta con que supere el 50 %)


El nombre de galactites procede del griego gala, leche, pero no por esta propiedad sino por la savia lechosa que contiene. Tomentosa hace referencia a que está recubierto de pelos cortos.


He leído que tanto las flores como los tallos son comestibles en ensaladas o hervidos, y que las hojas machacadas se han usado para tratar diversas afecciones (eccemas, quemaduras, hemorroides...)