13 de septiembre de 2016

Ailanto

Un día, meses después de los acontecimientos, sorprendí a mi padre mirando la calle desde el balcón de la sala del segundo piso. El cielo estaba estrecho, denso, y el aire húmedo agobiaba las grandes hojas lacias de los ailantos.
                                                                                           Paseo
                                                                                           José Donoso




No me gustan mucho los insectos. A algunos como a las mantis  les tengo una particular aversión. Tampoco me gustan las lombrices,  gusanos y demás. Sin embargo como tantos y tantos niños he tenido gusanos de seda, cuya mariposa tampoco me hacía mucha gracia. Mis hijos en cambio no han tenido. No se si ya no está de moda o que yo no se lo he facilitado. La especie que yo y tantos otros niños hemos criado en cajas de zapatos es la conocida como Bombys mori, pero no es la única que se cría para producir seda sino que también se obtiene de la especie llamada Samia cynthia cuyo gusano no deja de ser un gusano, pero cuya mariposa es ciertamente más hermosa que la que yo conocía. No sólo la mariposa es diferente, también los gustos culinarios del gusano que no se  alimenta de hojas de morera sino de las hojas de nuestro invitado de hoy el ailanto (ailanthus altissima) de ahí que este árbol sea objeto de cultivo en su lugar de origen, la China.


No mueve el ailanto en general a comentarios elogiosos, al contrario: que si es invasor, que si huele mal, que si no hay manera de acabar con él...y aunque posiblemente sean cosas ciertas (en cuanto al olor el gusto va por barrios; a mí no me parece desagradable, lo dejaremos en particular) lo cierto es que a mi me resulta un árbol agradable, familiar y es que en el patio de la casa de mi abuela, en dónde yo pasaba los largos veranos de la infancia, aparte de una parra, dos almendros y un membrillo había también un ailanto. Cómo un árbol tan inútil había llegado hasta allí no lo se.


El ailanto llega a Europa, concretamente a Inglaterra, procedente de China de la mano de los jesuitas a mediados del siglo XVIII. Primero como curiosidad botánica desconocida en el viejo mundo usándose como ornamental. Posteriormente se le encuentran utilidades sobre todo para fijar terrenos y formar alineaciones en márgenes de carreteras y caminos. Su rápido crecimiento, su gran resistencia a la condiciones adversas, tanto climáticas como de polución y la facilidad que tiene para la reproducción ya sea sexual o asexual, unido a que  apenas es  atacado por los insectos y a la producción de substancias que inhiben el crecimiento de otras especies son las características que hacen que se extienda con facilidad.  En España ya  se tienen noticias de su presencia a principios del XIX como planta naturalizada.


Pese a ser originario de China por lo que he leído su nombre procede de su denominación malaya y quiere decir árbol del cielo o árbol muy elevado por lo rápido de su crecimiento.


2 comentarios:

Miguel dijo...

Mejor que el alcalde de mi pueblo no lea tu artículo porque tan pronto se entere que es una planta invasora le declara la guerra.
Un abrazo,

Montse Martínez Ruiz dijo...

Es curioso que todos, más o menos, tenemos un árbol o planta que nos trae recuerdos de la infancia, ma he gustado conocer tu recuerdo del Ailanto.
Un árbol bastante resistente pero que no tuvo éxito en mi jardín, teníamos uno pero se secó, de eso hace años.
Un abrazo, Joaquín.

Publicar un comentario